HISTORIA DEL AJEDREZ

El verdadero origen del juego del Ajedrez no está muy claro.  Algunas leyendas atribuyen su invención al Rey bíblico Salomón o al Dios Griego Hermes o al Mandarin Chino Hansing.  Según numerosas fuentes el juego ciencia  se originó en la India, y sus comienzos datan del siglo VI de la era cristiana.

En sus orígenes se lo denominó Chaturanga o juego del ejército, se propagó hacia el Oriente desde Corea a Japón.  También apareció en Persia después de la conquista Islámica (638-651).  En Persia, al juego se le llamó originalmente “Chatrang”, que es la palabra Persa de Chaturanga y después “Chatranj” el significado Árabe de la palabra.  El desarrollo del Islam a Sicilia y la invasión de España por los Musulmanes, introdujo el “shatranj” a Europa Oriental.  Fué introducido a Rusia a través de rutas mercaderes de direcciones variadas.

Al término del Siglo X, el Ajedrez ya era bién conocido por toda Europa.  Atrajo el interés serio de Reyes, Filósofos y Poetas.  Los grandes jugadores registraron sus juegos para la posterioridad. Los problemas o acertijos en los que un jugador debe de encontrar una solución (tal como un Jaque Mate en un cierto número de movimientos), se volvieron muy populares durante los Siglos XII y XIII.

Hasta el siglo XVIII el ajedrez era un juego predilecto especialmente de la nobleza y la aristocracia, pero comienza a popularizarse hasta llegar a jugarse en cualquier ámbito, y tanto entra a la Universidad como a los cafés. Las normas y su reglamento han variado a través del tiempo, pero sigue siendo un juego de lógica, estrategia y concentración

La leyenda del Hombre que Calculaba

Según  la leyenda, la época exacta en que vivió y reinó en la India un príncipe llamado Iadava, dueño de la provincia de Taligana, quien había perdido a su hijo el príncipe Adjamir en la guerra. Patrióticamente se sacrificó en el momento culminante de la lucha, para salvar la posición que dio a los suyos la victoria final. Al correr de los días la tristeza y las angustias se acrecentaban más en el corazón del Rey, los pormenores de aquella batalla no dejaban sus pensamientos, revivía cada momento, trazaba diversas maniobras que hubiesen tenido a su hijo con vida.

 Un día un sabio braman llamado  Laur Sessa que significa “natural de Lahur”  se presenta ante el monarca y le explica que a su recinto en que vivía llegó la noticia de que nuestro bondadoso rey arrastraba los días, en medio de profunda tristeza, amargado por la ausencia del hijo que le robaba la guerra. Gran mal será para el país, me dije, si nuestro querido soberano se encierra como un brahmán ciego dentro de su propio dolor. Pensé, pues, en inventar un juego que pudiera distraerlo y abrir en su corazón las puertas a nuevas alegrías. Es ese insignificante obsequio que deseo, en este momento, ofrecer a nuestro rey Iadava.

Un juego que consistía en un gran tablero cuadrado, dividido en sesenta y cuatro cuadraditos iguales; sobre ese tablero se colocaban dos colecciones de piezas, que se distinguían unas de otras por el color, blancas y negras, repitiendo simétricamente los motivos y subordinadas a reglas que permitían de varios modos su movimiento. Sessa explicó con paciencia al rey, a los visires y cortesanos que rodeaban al monarca, en que consistía el juego, enseñándoles las reglas esenciales.

El juicioso Sessa le demostraba al rey poco a poco que el sacrificio de una pieza es importante para lograr la victoria.

El rey Iadava, sin ocultar su entusiasmo, exclamo:

“No creí nunca, que el ingenio humano pudiera producir maravillas como este juego, tan interesante al par que instructivo. Moviendo esas simples piezas, aprendí que un rey nada vale sin el auxilio y la dedicación constante de sus súbditos, y que, a veces, el sacrificio de un simple peón vale más, para la victoria, que la pérdida de una poderosa pieza”

Y, dirigiéndose al joven brahmán le dijo:

“Quiero recompensarle, amigo mío, por este maravilloso obsequio, que de tanto me sirvió para aliviar viejas angustias. Pide, pues, lo que desees, para que yo pueda demostrar, una vez más, como soy de agradecido con aquellos que son dignos de una recompensa.”

La indiferencia de Sessa ante aquellas palabras, hicieron que el rey recriminara con altivez, y exigiera que escogiera su recompensa digna de tan valioso regalo. Es por ello que pregunta: ¿Quieres una bolsa llena de oro? ¿Deseas un arca llena de joyas? ¿Pensaste en poseer un palacio? ¿Aspiras a la administración de una provincia? Aguardo tu respuesta, ya que mi palabra está ligada a una promesa.

Voy, pues, a aceptar por el juego que inventé, una recompensa que corresponda a vuestra generosidad; no deseo, sin embargo, ni oro, ni tierras, ni palacios. Deseo mi recompensa en granos de trigo.

– ¿Granos de trigo? –exclamó el rey, sin ocultar la sorpresa que le causara semejante propuesta-. ¿Cómo podré pagarle con tan insignificante moneda?

– Nada más simple –aclaró Sessa-. Dadme un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta y así duplicando sucesivamente hasta la sexagésima cuarta y última casilla del tablero. Ruego a vos, rey generoso, que de acuerdo con vuestra magnífica oferta, ordenéis el pago en granos de trigo, y así como te indiqué.

No sólo el rey, sino los visires y venerables brahmanes, se rieron estrepitosamente al oír la extraña solicitud del joven. La falta de ambición que se traducía en aquel pedido era, en verdad, como para causar asombro aun al que menos apego tuviese a las cosas materiales de la vida. ¡El joven brahmán, que pudo obtener del rey un palacio o una provincia, se conformaba con granos de trigo!

El rey ordeno que el pago se hiciera inmediatamente conforme al deseo del braman, mandó llamar a los algebristas más hábiles de la Corte y les ordenó calculasen la porción de trigo que Sessa pretendía.
Los sabios matemáticos, al cabo de algunas horas de profundos estudios, volvieron al salón para hacer conocer al rey el resultado completo de sus cálculos.

El rey pregunto: ¿Con cuántos granos de trigo podré cumplir, finalmente, con la promesa hecha al joven Sessa?

El más sabio de sus geómetras declaro: calculamos el número de granos de trigo que constituirá la recompensa elegida por Sessa, y obtuvimos un número cuya magnitud es inconcebible para la imaginación humana,  no depende de su voluntad el cumplir semejante deseo. En todos los graneros no existe la cantidad de trigo que exige Sessa. Tampoco existe en los graneros de todo el reino. Hasta los graneros del todo el mundo son insuficientes. Si desea entregar sin falta la recompensa prometida, ordena que todos los reinos de la tierra se conviertan en labrantíos, manda a desecar los mares y océanos, ordena fundir el hielo y la nieve que cubren los lejanos desiertos del norte. Que todo el espacio sea totalmente sembrado de trigo, y toda la cosecha sea entregada a Sessa. Solo entonces recibirá su recompensa. La cantidad era: 18 446 744 073 709 551 615

El soberano hindú se veía por primera vez imposibilitado en cumplir con una promesa, esa inesperada lección quedo grabada en el corazón del rey, y fue así que nombro inmediatamente a Sessa su primer ministro.

Bibliografía

http://www.librosmaravillosos.com/hombrecalculaba/capitulo16.html

www.chess-poster.com